Adopta a un perro, son maravillosos.

Hoy en día existen variadas campañas que llaman a la adopción de perros por sobre la compra de estos. No se dan mayores datos, pero es obvio que estas campañas buscan terminar o aunque sea disminuir de alguna forma la creciente población de perros callejeros que pululan por las calles de nuestro país. En lo personal, pienso que estas campañas están mal enfocadas a la hora de apelar a la conciencia colectiva para tratar de sacar a tantos perritos del sufrimiento de vivir en la calle. No debiésemos adoptar perros solo porque hay un exceso de ellos, sino que debiésemos adoptarlos por lo maravillosos que son.

Perros, los más adorables.

Nunca he comprado un perro y nunca lo compraría. Primero que todo pienso que las mascotas no debiesen ser un bien de mercado ni un producto. En segundo lugar, me entristece pensar en el negocio y consiguiente maltrato animal traído por criadores que solo buscan enriquecerse. En tercer lugar, mi argumento de mayor importancia, adoptar un perro te cambia la vida. Llevo veinte años rescatando perritos de la calle y en ese andar me he dado cuenta que las campañas de adopción de canes no dicen toda la verdad. Ninguna campaña menciona que rescatar un perro callejero no es un favor que le hacemos a la población canina, sino que es un favor que nos hacemos a nosotros mismos.

La “Camila” llegó caminando un 8 de diciembre a mi casa, en Viña del Mar. Cansada, se echó a mis pies sin pedir nada y desde ese minuto me di cuenta que había llegado para quedarse. Al día siguiente salí esperando no ver a nadie fuera de mi puerta pero ahí estaba, acurrucada fuera de mi casa. Cedí y comencé a alimentarla pensando en que pronto se iría. Muchas veces tendemos a pensar que los perros callejeros son callejeros por opción y no por abandono, pero nos equivocamos. Pasaron los días y la Camila entendió que en mi puerta recibiría comida y agua y no se movió de ahí. Salía a dar paseos largos y en cada paseo yo me esperaba que no volviese, pero siempre volvía. De pronto un 27 de diciembre se me quedó la puerta abierta y al salir de mi pieza me di cuenta que la Camila había entrado como Pedro por su casa y ahí estaba mirándome. Ya era su casa, ella y yo lo sabíamos. Sin querer había adoptado otro perro, pero fue al revés, ella me adoptó a mí.

Rescatar a la Camila de la calle no sólo significó otra boca perruna que alimentar, sino que significó alegría. La casa nunca fue la misma desde que ella llegó cansada ese día y se echó a mis pies. Lo que antes era un hogar normal y un poco aburrido pasó a ser una casa llena de juegos para perros, pelotas y demases. Los que eran días en los que estaba enferma y no quería levantarme pasaron a ser días en que la Camila se robaba algo de mi pieza y salía corriendo con tal de que yo me levantara y la persiguiera. Lo que era mi bajada de cama pulcra y desocupada, pasó a ser la un colchón pequeño y muchas frazadas para que se acueste la Camila y ronque todas las noches a mi lado. Lo que era una vida un tanto vacía, sin darme cuenta, pasó a estar completa gracias a decidirme a adoptar a un perro callejero que cambió mi casa, mis días y la mirada que tengo de la adopción. Hasta le contraté un seguro para mascotas en EstoySeguro.cl y me encargo de que no le falte nada, siempre. No debiésemos adoptar perros para regalar o solo para terminar con la creciente población canina en nuestras calles. Debiésemos adoptar porque el amor que se genera al rescatar a un animalito es tan grande que cambiará nuestras vidas de una forma impensada.