Estudiar fuera de casa, una realidad en Chile

Estudiar fuera de casa es una realidad para muchos jóvenes de regiones, las cuales muchas veces no cuentan con centros de estudios superiores. Emigrar a temprana edad para proseguir estudios universitarios ya no es tan común como antes pero sigue siendo la realidad de algunos pocos en el Chile de hoy. En lo personal, me tocó ser parte de esta estadística en la búsqueda de una mejor calidad de educación. Por lo mismo a los diecisiete años me mudé a Santiago con la expectativa de seguir mis estudios en la Universidad de Chile.

Lo que nadie te dice de vivir afuera es que a pesar de que es sumamente interesante el cambio puede llegar a ser un tanto brusco. En mi caso, meses antes de cambiarme de ciudad e irme a vivir sola por primera vez a un lugar totalmente desconocido, la ansiedad me carcomía imaginándome una capital idílica donde me independizaría de alguna forma por primera vez en mi vida. En cierta forma mis sueños fueron verdad pero, como dije antes, el cambio fue brusco. Estudiar en Santiago en vez de estudiar en el sur de Chile es transversalmente distinto. En Santiago todos corren, todo es muchedumbre, todo colapsa y da un poco de miedo. No quiero decir que las cosas no colapsen en otras partes del país pero es verdad que el Santiaguino sí vive más apurado que el provinciano y a su vez, es mucho más aprensivo que su contraparte nortina o sureña. En mis cinco años que pasé estudiando en la capital nunca me asaltaron pero sí se de muchas personas a las que le pasó. Nuevamente, no es algo que no pase en otros lugares del país pero sí pasa con menos frecuencia que en Santiago. Acostumbrarse a la capital no fue nada más que una cosa de tiempo, considerando que lo único que uno debe hacer es tratar de vivir rápido al igual que todos y darse cuenta que las aglomeraciones son algo común.

Fuera de eso, estudiar fuera de casa te empodera. Lo vi así dándome cuenta de las diferencias entre la vida de alguien que estudia en su misma ciudad y alguien que debe emigrar. Estudiar fuera de casa te independiza. Debes vivir solo, cocinarte solo, manejar tus tiempos, ordenar, comprar tu comida en el supermercado (si es que no conoces Telemercado) y hacer aseo todo en uno. Si tú no lo haces, ya no estará tu mamá que lo hará por ti. Si tú no compras y no cocinas, simplemente no comes. Estudiar afuera te hace ser capaz de aprender el truco de malabarismo que es la vida adulta a temprana edad. Estudiar en otra ciudad te cambia  y a pesar de que uno vuelva a casa uno ya se fue. Ya creciste, ya te enfrentaste a tu primera oportunidad de ser adulto y ya sacaste adelante tu propio y pequeño hogar. Esa no es una vivencia que tendrán las personas que se quedan a estudiar en su misma ciudad. Por supuesto estudiar fuera de casa es más sacrificado, pero muchas veces no queda otra opción. A pesar del sacrificio que significa salir de la comodidad de tu hogar, estudiar fuera trae beneficios incalculables a la hora de crecer y abrirse las puertas a la vida adulta. El haber estudiado en otra ciudad te prepara para el futuro, templa tu carácter e incluso te hace valorar de mejor manera el lugar de dónde vienes. Yo partí de mi casa a los diecisiete años y miles de viajes después de ida y de vuelta llegué a mi hogar nuevamente a los veintidós. Dos años después, me iría la extranjero a estudiar un postgrado. Estudiar fuera de casa te prepara para instancias como esas, el ir a estudiar en el extranjero después no significó un gran cambio. Ya me había enfrentado a una vida sola, ya había hecho de malabarista, ya estaba preparada gracias a estudiar afuera.