La ansiedad, una de las nuevas plagas de la humanidad.

La ansiedad, al igual que el estrés, es una respuesta fisiológica del cuerpo humano ante situaciones en las que supuestamente nuestra integridad se ve en riesgo. Al ser una respuesta de nuestro cuerpo ante situaciones potencialmente peligrosas, la ansiedad es un mecanismo defensivo que libera señales de alerta a nuestro sistema nervioso central. Ante una situación amenazante o de peligro, la ansiedad nos ayuda y hace que nuestro cuerpo libere adrenalina y el organismo se ve forzado a aportar energías de reserva. La ansiedad es una respuesta positiva del cuerpo humano ante situaciones amenazantes o de peligro, por ende es vista como algo bueno y necesario. Sin embargo, hay veces en que la ansiedad puede llegar a ser patológica dejando de ser un mecanismo positivo del cuerpo humano y pasando a ser una enfermedad que puede llegar a ser bastante molesta e incluso incapacitante.

Vivir con ansiedad no es fácil ya que muchas personas realmente no saben a qué se enfrentan y no tienen idea que a veces el sentir tensiones de forma permanente puede llegar a ser una enfermedad y no algo normal. Los trastornos de ansiedad se generan por distintas causas como la genética (puede llegar a ser algo hereditario), la personalidad (hay tipos de personalidad más propensas a sufrir trastornos de ansiedad) y la bioquímica (puede haber un desequilibrio en las sustancias químicas del cerebro las cuales regulan los sentimientos y reacciones físicas). Los trastornos de ansiedad son muy variados y dentro de ellos se encuentran las fobias, el trastorno obsesivo compulsivo, las crisis de pánico, el trastorno de ansiedad generalizada, entre otros.

Básicamente vivir con ansiedad patológica significa soportar una serie de síntomas tanto físicos como psicológicos. Para cualquier persona viviendo con ansiedad es sumamente complicado dibujar una línea entre la ansiedad como respuesta normal ante factores estresantes y la ansiedad como enfermedad. Muchas personas que padecen de trastornos de ansiedad ni siquiera lo saben y es que es difícil distinguir entre la ansiedad normal y la ansiedad patológica. Sin embargo, podemos tener claro que la ansiedad normal es una respuesta medida ante algún peligro, estresor o amenaza que es proporcional a lo que nos estresa, no dura más allá de la duración del estímulo y su intensidad es medida con respecto a lo que nos provocó la ansiedad en primera instancia. Por el contrario, la ansiedad enfermiza se presenta como una respuesta desmedida tanto en intensidad como en duración ante situaciones que puede sean o no sean realmente amenazantes en nuestro diario vivir. Además, generalmente la ansiedad patológica va de la mano con síntomas físicos tales como sudoración, palpitaciones, náuseas, tensión muscular, entre otros y síntomas psicológicos tales como sensación de agobio, miedo a perder el control, inquietud, etc.

Lo complicado de vivir con ansiedad es primeramente no saber a qué nos enfrentamos, pero cuando nos damos cuenta que tenemos un problema y nuestros “nervios” van más allá de lo cotidiano, lo esencial es buscar ayuda. Una vez que nos damos cuenta que nuestra ansiedad puede haber llegado a límites patológicos lo esencial es tratarla. Dentro de las formas de tratamiento, podemos encontrar tanto la psicoterapia, terapias alternativas, como los medicamentos que nos ayudarán a superarla. De ambas formas, lo recomendable según los expertos es buscar ayuda tanto en los medicamentos como en la terapia para llegar de esta forma a la raíz del problema, subir las cortinas y poder superarlo. A pesar de que no queramos depender de alguna pastilla en un proceso de tratamiento, los medicamentos que tratan la ansiedad pueden llegar a ser fundamentales en su tratamiento ya que ayudan a tratar potenciales desbalances químicos que pueden ser los causantes de la enfermedad sin que lo sepamos. Vivir con ansiedad no es fácil pero debemos darnos cuenta que es una enfermedad tratable y superable con el tratamiento adecuado.