Vivir con problemas a la tiroides y sobrevivir para contarlo

Vivir con problemas a la tiroides es más común de lo que parece. Desde que me diagnosticaron a los once años me he encontrado a lo largo de mi vida con incontables personas tanto de mi edad como mayores sufriendo gracias a esta glándula. Antes de ser diagnosticada no tenía idea que la tiroides existía ni mucho menos cuál era su función. Resulta que la tiroides, glándula ubicada a la altura de nuestro cuello, regula el metabolismo de nuestro cuerpo, es productora de proteínas y regula la sensibilidad de nuestro organismo a otras hormonas. En resumidas cuentas, la tiroides y las hormonas que produce tienen efectos en todo nuestro organismo y tienen además una participación esencial en nuestra vida. Si hay problemas en la tiroides es posible que lo sintamos de muchas maneras sin saber qué realmente nos está afectando.

En mi caso, el problema se descubrió gracias a que subía de peso sin control a pesar de no comer en exceso. Problemas a la tiroides hay muchos, pero todos traen consigo síntomas un tanto similares. Dentro de las consecuencias de los problemas a la tiroides podemos encontrar síntomas tales como: fatiga, cambios en el peso, decaimiento, sensación de frío, piel seca, uñas quebradizas, fatiga, ansiedad e irritabilidad, taquicardia, sudoración, entre otros. Justamente los síntomas provocados por distintas enfermedades a la tiroides hacen que el diagnóstico de estas enfermedades no sea sumamente fácil. Muchas veces las personas no le ponen atención a síntomas que no parecieran ser dañinos en exceso o incluso muchas veces los doctores confunden los síntomas con otras enfermedades como la depresión. Lo principal en cualquier caso es consultar a un médico. Por supuesto, también tenemos que tener en cuenta que los problemas a la tiroides son sumamente hereditarios por lo cual si tenemos ya una historia familiar de problemas a esta glándula es bastante importante chequearse regularmente. En caso de ser más previsor, hay opción de contratar un seguro oncológico, para evitar cualquier problema en caso de una patología mayor.

A pesar de que los síntomas son pocos claros, una vez que ya contamos con un diagnóstico vivir con problemas a la tiroides no es complicado. En mi caso, solo bastó con visitar al endocrinólogo correcto, llegar a un diagnóstico certero y a una dosis adecuada de reemplazo de la hormona que mi tiroides no estaba produciendo. De eso ya han pasado más de diez años y continúo tomando una pastilla diariamente y tendrá que ser así por el resto de mi vida. A su vez, es sumamente importante entender que una vez que se nos diagnostica un problema a la tiroides debemos chequearlo continuamente. En lo personal, una vez al año debo hacerme exámenes para saber cómo va mi función tiroidea y para saber si es necesario o no ajustar el medicamento. Muchas veces también son necesarias las ecotomografías de tiroides para descartar el bocio (que es el agrandamiento de la glándula) o para descartar algún nódulo que pudiese llegar a ser potencialmente maligno (algo que es infrecuente pero puede pasar). Vivir con problemas a la tiroides pareciera no ser fácil de buenas a primeras, pero habiendo pasado por la experiencia puedo dar fe que lo más complicado parece ser el diagnóstico inicial. Muchas personas han fallado justamente en ser diagnosticadas porque usualmente, dependiendo de los síntomas, las enfermedades a la tiroides se pueden confundir inclusive con depresión ya que la glándula incluso puede llegar a regular nuestro ánimo. Finalmente, no me queda más que decir que lo principal ante la duda es consultar y buscar un especialista. Un simple examen de sangre dirá si hay problemas o no y solo tomar una pastilla diaria puede cambiar tu vida para bien y mejorar una enfermedad que es cada vez más común hoy en día.